
Sollozo por algo que no logro comprender, no logro saber la razón por la que desde corta edad me he puesto a llorar aun caminando o deambulando en las calles, a lágrima viva, como esperar que con ello me salvo de la crueldad humana. Me alejo de los humanos, no quiero ser como ellos, intento ser una sombra en el camino, un fantasma ligero que vuele, sobre todo, bastante alto, lo más lejos posible.
Siento que viene por mi la muerte, aveces me siento a escuchar canciones hechas por los vivos para los muertos, como si fuera una fiesta de todos santos a la que he sido invitada anticipadamente. No me gustan las fiestas, por eso me convierto en fantasma, para verlo todo desde un ángulo donde nadie sepa de mí. La noche es el silencio y el refugio donde guardo las penas. Con cuántos grillos me he citado, son buenos músicos.
¿Qué viaje es este que no me lleva a ninguna parte? No sé a dónde me dirijo, y desconozco si llegaré a algún lado dentro de dos años. Desconozco si llegaré de hecho y no sé tampoco los años que me lleve hacer este viaje mágico de la vida. De pronto pienso en personas que están cerca mío, siento una especie de terror por ellos, siento que pude haber dado más de mi ser para con ellos, quererlos y demostrarles mi cariño sin que se sintieran aterrorizados como de costumbre. Sería completamente gratificante poder amarlos a todos sin inhibiciones, y lamento que me sea difícil hacerlo.
Susanne
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